Como apuntaba Pessoa : vivir nos dolia porque sabíamos que estabamos vivos: morir, no nos aterraba, porque habíamos perdido la noción normal de la muerte.
En esta mañana blanca y pura que casi ni reconozco suscribo,por verdaderas las palabras del genio portugues:
"Si escribo lo que siento es porque así disminuye la fiebre de sentir".
Amigos, si la vida gritara estariamos todos sordos.
Una imagen puede ser toda una vida, retirada esta la muerte se convierte en dulce compañera.
Se evapora el pasado con sus sutiles engaños; el presente es solo una muñeque rota, onanista en estrellas nacaradas.
Apenas me tocan ya los estagiritas de cavernas impersonales. Amar no es un recurso es un fín en si mismo.
Una caricia es como una muñequera de puas antiguas.
Reconocerse no es amarse. El alma inventa colchones de plástico para aterrizar con miedo.
Tu cuerpo tenía intereses de hipotecas antiguas y no fué posible negociar con el banco de tu mente una canselación en besos y caricias nuevas.
Al final no soy nada; si no estoy no soy en ti.
Rendir las naves no era una opción, luchar era un suicidio barato, priorizar rompía el corazón para aprender a no volver a amar, una estatua de sal siempre es preferible a derramar la sangre coagulada de la venas calientes.
Demetrios ya
enmudecio.
Las sabanas
tenían puas abiertas clavadas en los ojos
No hubo
recompensa para cobardes melenudos
La fiesta
tenia nombre de ninfa
Una
Magdalena infame llorando entre vasijas
No quiero
excusas entre bastidores
¡Sal
a la Plaza
Intenta
el extasis clonando cuerpos aceitosos
Muevete!
Asesina
tus ganas entre carromatos de cíngaras con corbata
Cuchillos
como lenguas malditas,
Entre
corcheas eslavas
El
toro llora estrellas que no entiendes
El
alma de los caidos
No
tiene pasaporte al infierno
No
creo en misticismos de salones rojos.
El
martillo oxidado
La
compra venta de dioses
Quizá
debimos de sacrificar a los innombrables
Quizá
exista el amor a cucharitas
Quizá
no existan los atracones de santos.
Retorcerse
entre Olimpos
No
paga las facturas del infierno.

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